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4 pasos para perdonar

4 pasos para perdonar

4 pasos para perdonar

En otro post  veíamos el sufrimiento que nos ocasionaba la emoción de “ira” y el “rencor” (Cómo liberarte del rencor). Una forma de librarnos interiormente de este dolor es perdonar, incluso si el o la causante de nuestra emoción no nos lo pide.

Perdonar a la otra persona nos puede servir para reconciliarnos con nuestro/a ofensor/a pero lo más importante es que nos reconciliamos con nosotros/as mismos/as.

¿Es fácil perdonar? “Solamente aquellos espíritus verdaderamente valerosos saben la manera de perdonar” Laurence Sterne

Perdonar no significa que nuestras sensaciones negativas se diluyan por completo, ni que olvidemos el daño que nos han hecho (esto es positivo para que no vuelva a repetirse) pero sí dejaremos poco a poco de sufrir.

Cuando alguien nos hace daño, se abre una herida en nosotros/as, y cada vez que sentimos rencor se vuelve a abrir. A través de perdón, conseguiremos que esta herida se cure.

Perdonar, no quiere decir que justifiquemos lo que hizo la otra persona, ni que pensemos que lo que sucedió es justo, tampoco significa que nos expongamos a esa persona si sigue haciéndonos daño. El proceso de perdón supone tomar la decisión de aceptar lo que sucedió y seguir hacia delante, creciendo personalmente.

 

¿Cómo podemos perdonar?

A continuación propongo una serie de pasos que nos pueden ayudar a hacerlo:

  1. Lo primero que tenemos que pensar es si realmente estamos dispuestos a perdonar y dejar ese asunto en el pasado, ya que, como hemos visto, el perdón es una decisión que depende solo de nosotros/as.
  2. En segundo lugar, es importante reconocer el daño que nos han hecho y que merecemos respeto, para ello podemos escribir una carta poniendo todo lo que sentimos y pensamos de esa persona que nos ha ofendido, sintiéndonos libres de usar las palabras que queramos porque esta carta no la vamos a enviar.
  3. En tercer lugar vamos a realizar un ejercicio de empatía (8 tips para empatizar con los demás) poniéndonos en el lugar de la persona que nos dañó y pensando las razones y/o circunstancias que la impulsaron a hacer lo que hizo (aunque no las compartas, ni entiendas, ni las justifiques). Posteriormente, piensa en qué cosas buenas hizo por ti esa misma persona.
  4. El último paso sería escribir una carta perdonando a nuestro/a ofensor/a desde esta nueva perspectiva. Esta carta tampoco la tienes por qué enviar.

Si quieres, nosotr@s podemos ayudarte.

Sonia Treviño

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Cómo liberarte del rencor

Cómo liberarte del rencor

Cómo liberarte del rencor

En entradas anteriores hablábamos de la importancia de la Inteligencia Emocional, (Cómo te afectan tus emociones: Mindfulness e Inteligencia Emocional) veíamos que ninguna emoción es buena o mala por sí misma. Son adaptativas, el problema surge cuando la emoción deja de ser funcional  y sus consecuencias son negativas.

Hoy quiero centrarme en la rabia, que es una emoción intensa que nos predispone para la lucha. El sentimiento de ira y de rabia nos produce calor en la cara y tensión en los brazos, una pequeña dosis de esta emoción nos permite afrontar determinados problemas, pero si no se canaliza adecuadamente, y volvemos a rememorar una y otra vez ese momento, la rabia se convierte en rencor y resentimiento.

“Aferrarse a la ira es como aferrarse a una brasa candente con la intención de tirársela a otro; tú eres el que se quema.” Buda

El hecho de sentir una y otra vez el dolor pasado originado por la ira contenida produce gran malestar. Pero si es algo tan perjudicial ¿por qué lo mantenemos?, ¿qué beneficios obtenemos al aferrarnos a la rabia y al resentimiento? Quizás nos haga sentir más “poderosos/as” o nos proporciona la falsa ilusión de control sobre la situación, lo mismo nos ayuda a “responsabilizar” de todo a la otra persona y nos mantiene en nuestro papel de víctima. Es importante reflexionar sobre este aspecto (que se produce de forma inconsciente) para poder liberarnos de los efectos negativos del rencor.

El siguiente relato explica perfectamente el efecto del resentimiento:

Dos hombres fueron injustamente encarcelados. Compartiendo celda en prisión durante  varios años, soportaron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez en libertad, se encontraron años después. Uno de ellos preguntó al otro: – ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros? – No, gracias a Dios ya lo olvidé todo – contestó – ¿Y tú? – Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas – respondió el otro. Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo: – Lo siento por ti. – Si eso es así, significa que aún te tienen preso.

¿De qué sirve sentir ese odio por alguien que ni es consciente de ello?, ¿cómo afecta tu odio a la persona odiada?, ¿quién sufre?

El hecho es que quien sufre rencor está irritado/a, experimentando el amargor en su boca y reviviendo una y otra vez la situación que le causó la ofensa. En ese momento, puede aparecer deseos de venganza. Pero, generalmente, el rencor hunde a su víctima en unas arenas movedizas de las que es difícil escapar.

¿Cómo podemos escapar de estas arenas del resentimiento? ¿Cómo hacer para superar el rencor y los deseos de venganza? La solución es el perdón, (4 pasos para perdonarfácil de decir pero difícil de aplicar.

De momento me interesa que seamos capaces de mirar la emoción en sí, sabiendo que todo en la vida es pasajero, aceptar y experimentar las sensaciones que nos produce la rabia. Y reflexionar sobre lo que esta emoción esconde:

  • ¿Qué hay bajo tu ira? ¿Ves tristeza?, ¿miedo?, ¿inseguridad?, ¿abandono?, ¿frustración?
  • ¿Te sientes herido/a o impotente?
  • ¿Sientes que no se han cumplido tus expectativas?
  • ¿Qué necesidad insatisfecha está tras esa emoción? ¿Necesidad de que te escuchen, de reconocimiento?

Si quieres, nosotr@s podemos ayudarte.

Sonia Treviño