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¿Por qué nos resistimos al cambio? 2ª Parte

¿Por qué nos resistimos al cambio? 2ª Parte

¿Por qué nos resistimos al cambio? 2ª Parte

La semana pasada vimos algunos de las resistencias que podemos tener para evitar cambiar situaciones que nos hacen sufrir, que son incómodas pero a las cuales parece que nos acostumbramos.

Resistencias al cambio

Entre las resistencias que nos ocupan esta semana, está el miedo a equivocarse.

Se cuenta que le dijeron a Thomas Edison durante una entrevista que había fracasado 999 veces antes de dar con el funcionamiento de la bombilla eléctrica. La respuesta de Edison fue: “No fracasé, descubrí 999 formas de como no hacer una bombilla”. Realmente el gran fracaso es no intentarlo por miedo a equivocarse. En el peor de los casos sabré, al igual que Edison, como no volver a hacerlo. Tampoco nos convertimos en “tontos” por habernos equivocado. Podemos parecerlo cuando nos equivocamos pero si no lo intentamos, permaneceremos en la ignorancia para siempre.

Por comodidad, por miedo a abandonar nuestra zona de confort

La pereza nos puede llevar a sufrir situaciones que podríamos evitar con algo de energía. Este relato  tomado de Alberto Blázquez lo define claramente:

resistircambio“Un Hombre va de visita a casa de un amigo y cuando entra al comedor se encuentra con el perro de su amigo. El perro es grande, fuerte, pero está quejándose y llorando.

El visitante pregunta a su amigo, “¿Oye, que le pasa a tu perro?. Parece enfermo”.

No te preocupes, le dice el amigo. Este perro es muy perezoso.

Los dos amigos se sientan a relatar sus viejas historias, mientras que el animal continua quejándose ante lo cual el visitante inquiere de nuevo a su amigo y le dice: “Me sabe mal por tu perro, ¿por qué no lo llevas al veterinario?”. El hombre le contesta nuevamente: “No te preocupes, es que este perro es perezoso”.

El visitante inquieto por la misma respuesta, le pregunta: “Oye ¿por qué dices todo el rato que este perro es perezoso?. Yo lo que veo es que está enfermo y que está sufriendo”. Entonces el amigo le dice:

“Mira lo que le pasa es que lleva sentado encima de un clavo toda la mañana, sé que le duele y por eso se queja y se queja, pero no ha querido mover el culo de su sitio, porque con todo y a pesar del clavo, se siente cómodo y ya se ha acostumbrado a su sufrimiento”.

Baja autoestima

Por último, una autoestima baja puede hacer que no intentemos nada por evitar la situación que nos molesta. Si pensamos que no valemos gran cosa, si dudamos de nuestras capacidades o, incluso, si creemos que no nos merecemos estar mejor, difícilmente vamos a intentar mejorar. En otra entrada del blog, Sonia te da consejos para mejorar.

¡¡No te conformes, no te des excusas a ti mismo!!. ¡¡Avanza, progresa!!, tienes mucho que ganar.

Néstor Villa

¿Por qué nos resistimos al cambio?

¿Por qué nos resistimos al cambio?

¿Por qué nos resistimos al cambio?

En este post vamos a explicar por qué nuestra tendencia natural es la de resistirnos a los cambios.

Según  el diccionario de la RAE, resistir es tolerar, aguantar o sufrir. En otra acepción del término lo define como combatir las pasiones o deseos.

Es posible que estés aguantando o incluso sufriendo situaciones que podrías cambiar pero no lo haces. Lo que sí vamos a hacer hoy y la próxima semana es ver que mecanismos psicológicos más o menos conscientes nos hacen sufrir una situación o combatir nuestros deseos. En definitiva, por qué aguantamos una situación que no nos resulta agradable cuando tenemos la posibilidad de cambiarla.

Factores que influyen en la resistencia al cambio

El primer mecanismo que usamos es el de oposición.

Se llama así a la creencia de que si tenemos una cosa no tendremos otra, son opuestas. La realidad es que muchas de estas situaciones son compatibles. Por ejemplo, puedo decir “no” sin que los demás se enfaden conmigo, puedo defender mis opiniones sin entrar en confrontación con los demás. Es más, puedo elegir otro tipo de vida sin perder la que tengo actualmente.

En segundo lugar podemos hablar del mecanismo de defensa.

Cuando lo usamos, lo que hacemos es protegernos de algo que identificamos como amenazador, nos protegemos de la incertidumbre. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Este refrán resume perfectamente el mecanismo de defensa. En este caso, el miedo a lo desconocido nos paraliza de tal manera que no intentamos nada fuera de nuestra “zona de confort”. Es posible que estemos sufriendo con nuestra situación actual pero el miedo nos atenaza, no actuamos.

También puede ocurrir que nos falte flexibilidad o tolerancia.

Puede que las cosas se puedan modificar o que no sean tan rígidas como pensamos, pero no lo intentamos. Nos agarramos a normas estrictas de cómo se deben hacer las cosas. Tampoco hacemos caso a las opiniones de los demás, actuamos como si nosotros estuviésemos en posesión de la verdad absoluta y de la única manera correcta de hacer las cosas.

Las omnipresentes creencias limitadoras harán que nos resulte muy difícil el cambio. Las creencias limitadoras son todas aquellas creencias o pensamientos que nos impiden progresar y que no están basadas en algo real y concreto. “Tengo que caer bien a todo el mundo”, “no valgo para nada”,  “no se me da bien” “no puedes fiarte de nadie”, son ejemplos de creencias que nos harán resistentes al cambio. En este caso nos decimos: ” para qué voy a intentarlo si no me va a salir bien”. Lo malo de estás creencias es que no las ponemos a prueba y así nunca podremos comprobar si son ciertas.

La próxima semana veremos algunas otras resistencias

¿Detectas alguno de estos mecanismos en tu forma de actuar, de pensar, de enfrentarte al mundo?

¿Alguno de estos mecanismos impide tu desarrollo personal?

Néstor Villa

Cómo ser tu mismo: Afírmate

Cómo ser tu mismo: Afírmate

Cómo ser tu mismo: Afírmate

Afirmarse está muy relacionado con ser asertivo. Supone considerar en igualdad mis necesidades y las del otro, es hacer lo que pienso, digo y siento respetando al otro, pero sin supeditarme a sus deseos.

Cuando queremos expresar nuestros sentimientos, o pensamientos podemos encontrarnos con distintas limitaciones.ç

 Algunas ideas paralizantes:

  1. La opinión que tengo sobre mí mismo/a.
  2. Las opiniones que me merece la otra persona.
  3. Miedo a las consecuencias negativas de nuestras acciones y decisiones.
  4. Ideas preconcebidas, obligaciones y creencias 

A menudo, en el ámbito dejamos de decir lo que pensamos por miedo a romper con la armonía, a provocar un conflicto por ir en contra de los intereses de los demás, pero cuando no nos atrevemos a afirmarnos, podemos mostrarnos pasivos o actuar de forma agresiva estando a la defensiva. 

Para romper este círculo deberíamos aceptar y expresar lo que sentimos, porque si no caeremos en el resentimiento, al aceptar nuestros sentimientos crece nuestro bienestar interior, disminuyen nuestros miedos y enfados.

Tenemos que dejar de ser reactivos y actuar de forma proactiva.

Según Sthephen Covey la reactividad consiste en reaccionar o defenderse con respecto a un hecho, aumentando el círculo de las preocupaciones y se caracteriza por las 4 C de  crítica, comparación, competición y congoja. La crítica no es constructiva, la comparación con el resto de las personas puede bajar nuestra autoestima al igual que la competición contra los demás y la congoja puede convertirse en un estado permanente de ánimo, nuestra energía vital disminuye y está mal focalizada.

En cambio, si aumentamos el círculo de la influencia y somos proactivos actuaremos en función de nuestros valores y nos concentraremos en los elementos sobre los cuales tenemos influencia. Estaremos centrados en nosotros mismos/as, tendremos conciencia de nuestros sentimientos y nuestras aspiraciones (autoempatía), tendremos coraje para expresar nuestros sentimientos, necesidades y valores (asertividad) y comprenderemos a los demás, empatizando con ellos.

A la hora de expresar nuestros sentimientos, opiniones, necesidades y pensamientos tendremos en cuenta a la otra persona, eligiendo el momento adecuado  y  procuraremos que nuestro mensaje sea constructivo 

¿Cuánto tiempo pasas en tu vida intentando agradar a los demás en lugar de ser quien eres? Atrévete a ser tú mismo/a, porque cuando crees en ti mismo/a y haces lo que realmente te gusta, brillas y te muestras excelente.

Para ello te invito a que reflexiones sobre cuáles son las necesidades que se esconden detrás de tus sentimientos, permítete vivir esas sensaciones, una vez que seas consciente de tus deseos anímate y expresarlos, teniendo en cuenta todos los consejos anteriores. 

Puedes seguir el siguiente esquema para que tu petición ante los demás sea asertiva y poco a poco te reafirmes:

 “Soy” o “ me siento” expresión de sentimientos.

“Y me gustaría” expresión de tu necesidad

“Te importa si….” Petición. 

La petición ha de dirigirse a alguien en concreto y dejarle capacidad de decisión, debe ser algo alcanzable y a corto plazo, se debe expresar en términos positivos.

Un ejemplo: “Me encanta el trabajo que realizo, ya sabes que es muy vocacional, necesito tiempo para centrarme en una sola tarea ¿te importaría si planificamos el trabajo semanalmente para que todo sea más productivo?”

Si quieres, EnPositivo podemos ayudarte.

 Sonia Treviño  

Claves para tomar la iniciativa y ser resolutivo: Proactividad

Claves para tomar la iniciativa y ser resolutivo: Proactividad

Claves para tomar la iniciativa y ser resolutivo: Proactividad

En este post, vamos a dar unas claves para aumentar nuestra iniciativa y mostrarnos resolutivos, es decir, hablaremos de cómo ser más proactivos.

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”

-“Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta.

Le hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. A continuación le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de quitarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?”

Él le explicó que los tres elementos se habían enfrentado a la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“¿Cual eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido ¿te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú,  ¿cuál de los tres eres?

Estamos viviendo una situación complicada, muchas personas están rodeadas de problemas, no tienen trabajo, no les llaman para hacer una entrevista, la hipoteca sigue siendo la misma a pesar de que las circunstancias personales y profesionales han cambiado, etc, llega un momento en el que nos podemos ver saturados por los problemas sintiendo un gran desamparo y podemos caer en un estado de indefensión.

Aún así, y sé que no es fácil, tenemos que intentar ser lo más proactivos posibles, para recuperar las riendas de nuestra vida. Sería ideal actuar como los granos de café.

Stephen Covey en su libro de “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”, explica la proactividad como la capacidad de actuar de adentro hacia fuera. Significa tomar la iniciativa y la responsabilidad de las cosas que suceden.

Las personas proactivas piensan: “cambio primero yo para lograr los cambios en mi entorno”.

Las personas reactivas actúan de forma inversa, suelen pensar “el problema está allí afuera y tengo que vivir con esto” se conforma, y piensa que no puede hacer nada para cambiar las cosas, se resignan (ver post 9 pasos para tolerar la frustración. Resiliencia)

Gráficamente se representaría de la siguiente manera:

círculo influencia

Si somos una persona proactiva, nos centraremos en el círculo de influencia, hablaremos en primera persona “yo puedo, yo hago, yo elijo,…” buscaremos alternativas y haremos planes de actuación para solucionar esos problemas. Tendremos un pensamiento más positivo.

Si después de hacer todo lo que está en nuestra mano, no hay solución, no tiene mucho sentido que ese hecho sea una preocupación, es infructuoso. Como dice un proverbio oriental: “Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas? Y si no lo tiene ¿Por qué te quejas?”

Por ejemplo en mi círculo de preocupación están los siguientes problemas:

  • La crisis.
  • No me llaman de entrevista.
  • En muchas de las ofertas piden inglés.
  • En la mayoría de los puestos de trabajo exigen conocimientos de informática.
  • No tengo la experiencia deseable para el puesto de trabajo.
  • Nunca me van a seleccionar porque quieren gente joven.
  • El paro aumenta y hay más competencia.

Desde el círculo de influencia puedo analizar la información, pensar qué puedo cambiar y tomar esa iniciativa.

  • La crisis no la puedo cambiar, no depende de lo que yo haga a corto plazo, dejo de pensar en ello.
  • ¿Por qué no me llaman de la entrevista? ¿Estoy buscando en los sitios adecuados? Si utilizo siempre las mismas herramientas y aún así no lo consigo, tengo que revisarlas y modificar lo que estime conveniente.
  • El inglés es importante para ocupar un puesto de trabajo, voy a buscar cursos gratuitos para desempleados y mientras sigo buscando empleo, me formo en idiomas.
  • Me piden informática, de momento me voy a centrar en el inglés y más adelante ya veremos.
  • Para ampliar mi experiencia puedo colaborar como voluntario/a, así aprendo y amplío mi red de contactos.

Y así sucesivamente, de esta manera actúo cambiando lo que quiero de mí. Esto hace que me sienta mejor, que obtenga resultados y que la percepción de la misma realidad cambie y sea más positiva. ¡Es mejor ser café!

Si quieres, nosotr@s podemos ayudarte.

Sonia Treviño

¿Invierto en coaching?

¿Cuáles son las ventajas de invertir en un proceso de coaching?, ¿qué resultados puedo obtener?

En lo que respecta al coaching ejecutivo las cifras hablan por sí solas. Tras un proceso de coaching las empresas consiguen un  retorno del 700% de la inversión realizada. Es decir, de cada euro invertido en coaching, se recuperan hasta 700. Otras fuentes hablan de rentabilidades de entre el 570% y el 1000%. En este caso, el estudio es de una consultora de Florida llamada Manchester realizado tras estudiar a 100 ejecutivos que habían recibido coaching.

Lo que es indudable es que se producen mejoras significativas en relaciones profesionales, tanto con superiores o colaboradores. Se mejora el trabajo en equipo, la satisfacción en el trabajo, la productividad, la calidad, la capacidad organizativa, la orientación al cliente y los beneficios. Sin embargo, se reducen la conflictividad y los costes.

Lo que conseguirás con el coaching personal es encontrar y desarrollar todo tu potencial y utilizarlo para los resultados específicos que deseas alcanzar.

En particular, cambiarás antiguos hábitos por estrategias eficaces, mejorarás la calidad de tus relaciones, ganarás tiempo para dedicarlo a lo que de verdad te importa. Incrementarás tu rendimiento en el trabajo y lograrás una vida más equilibrada.

Mejorarás el control del estrés y favorecerás la canalización de las emociones. Reforzarás la motivación y controlarás la actividad mental, controlando los pensamientos negativos. Además mejorarás la capacidad de concentración, de atención, de aprendizaje y de creatividad.

Lo mejor de todo es que estos cambios son permanentes. No hay que ir cada tres meses a “revisión” y se consiguen en un número limitado de sesiones.

Cuando vamos al dentista o a la clínica de estética no nos planteamos si es caro. Pensamos que es una cosa necesaria para nuestra salud o nuestra estética. Sin embargo, cuando nos hablan de nuestra higiene mental o de nuestra felicidad sí nos planteamos que es mucho gasto.

Cuando renovamos los equipos informáticos o el posicionamiento web de nuestra página de la empresa nos parece un gasto aceptable. Pero si hablamos de coaching para mejorar la rentabilidad o la eficacia, siempre encontramos una excusa para no hacerlo.

En vista de estos datos, ¿cuánto estás dispuesto a invertir en un proceso de coaching?

Si quieres, EnPositivo podemos ayudarte.

Néstor Villa

9 pasos para tolerar la frustración. Resiliencia

9 pasos para tolerar la frustración. Resiliencia

9 pasos para tolerar la frustración. Resiliencia

La frustración es un estado de decepción que se da cuando no se alcanza aquello que se desea. En este post vamos a hablar de 9 pasos para tolerar esta frustración.

A todos no nos afectan las mismas cosas de la misma manera, puesto que hay un umbral de tolerancia y cada persona se posiciona en un punto. La baja tolerancia a la frustración tiene sus comienzos en la infancia, el niño quiere las cosas y las quiere ya, son egocéntricos y no manejan el concepto tiempo. Si a lo largo de nuestra infancia nos hemos salido victoriosos con todo lo que queríamos crecemos con la sensación de que merecemos todo ahora, incapaces de esperar, confundiendo lo que deseamos con lo que necesitamos. Pero la realidad es otra y la frustración es parte de la vida, tendremos que aceptar la realidad y a partir de ahí ser proactivos.

Es decir, tenemos que reconocer que la crisis está afectando seriamente la disminución de posibilidades de encontrar trabajo tan pronto como otras veces, pero debemos afrontar y hacer la búsqueda de empleo de otra manera y no tirar la toalla porque la base del problema no está en la frustración que nos ocasiona no tener tantas entrevistas como en otras ocasiones, sino en nuestra actitud ante ese hecho. Tolerar la frustración significa abordar los problemas de nuestra vida a pesar del sufrimiento que pueden causar.

“Enquistarse en la soledad y la frustración, quejarse constantemente y continuamente de las desdichas y tragedias que nos acosan y no hacer absolutamente nada para modificar aquellas situaciones que nos angustian es un camino certero y seguro hacia la depresión. Camino, por supuesto, que es recorrido a solas…” Eric Fromm

Indefensión según la RAE significa: “Falta de defensa, situación de las personas o cosas que están indefensas”

Martin Seligman (1991) observó que mientras unas personas se enfrentan a sus problemas sin venirse abajo otras personas son incapaces de no hundirse. Una de las conclusiones de sus investigaciones fue que las personas que se han visto acorraladas en situaciones altamente aversivas ante las cuales no podían reaccionar o huir, aprenden a sentirse desamparadas y dejan de confiar en su valía, aprenden a ser indefenso a priori. Esta indefensión está acompañada de pensamientos destructivos que son la base de nuestra conducta posterior. Estas personas, según Seligman, han construido la creencia limitadora de: “no vale la pena hacer nada, porque haga lo que haga nada cambiará”. Y con este pensamiento tenemos que tener cuidado porque puede dar lugar a la “profecía autocumplida” si mis expectativas sobre encontrar trabajo son que es imposible por la situación que me rodea, y porque no puedo hacer nada para cambiarlo, probablemente se cumplirá. En este vídeo se ve lo fácilmente que podemos caer en este estado de indefensión:

La Resiliencia según Edith Grotberg (1998) es “La capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas”  Si desarrollamos esta capacidad, no sólo afrontaremos las situaciones difíciles como el desempleo sino que además sacaremos provecho y creceremos de forma personal y profesionalmente.

Los pilares de la resilencia son los siguientes:

  1. Autoestima 
  2. Introspección que es el arte de preguntarnos a nosotros mismos y darnos una respuesta honesta.
  3. Independencia, es decir, saber fijar los límites entre uno mismo y el medio con problemas.
  4. Capacidad de relacionarse: la habilidad para establecer lazos e intimidad con otras personas para balancear la propia necesidad de afecto con la actitud de brindarse a otros.
  5. Iniciativa, ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes. 
  6. Humor, muchas veces reírse de nuestra sombra ayuda a sobrellevar mejor las dificultades.
  7. Creatividad, hacer las cosas de diferente manera.
  8. Moralidad, que es la base del buen trato hacia los otros.
  9. Capacidad de pensamiento crítico. 

Ante la adversidad ¿cómo te comportas?

Si quieres, nosotr@s podemos ayudarte.

Sonia Treviño

Y tú ¿cómo afrontas los cambios?

No siempre ocurre lo que nosotros deseamos, cuando queremos y de la forma que nos gustaría. A unos se les acaba el contrato sin previo aviso y otros se sienten frustrados al realizar el trabajo que deberían de hacer dos personas. Perdemos seres queridos y en ocasiones tomamos decisiones que afectan a los demás.

Cuando nos planteamos “¿qué puedo hacer para cambiar esa situación?” nos acomodamos en la zona de confort, “más vale malo conocido que bueno por conocer”“buff, quién me va a querer a mí”, “dónde voy a encontrar algo mejor”, el caso es que a la mayoría nos cuesta salir de lo “conocido” porque sabemos lo que perdemos, pero no lo que ganamos.

Tanto en nuestra vida personal como en nuestra vida profesional, cambiar no es fácil. Pero si no cambiamos no aprendemos, no crecemos y no nos desarrollamos, así que ante una situación de cambio debemos preguntarnos ¿Cómo podemos afrontarlo de la mejor manera posible?

Normalmente, ante unas circunstancias de cambio pasamos por varias fases hasta llegar a la aceptación de la nueva situación y empezar a crecer y desarrollarnos. Estas fases son comunes al proceso de duelo.

La primera fase es la negación: asumimos que no es cierto que las cosas hayan cambiado o que vayan a cambiar. Nos repetimos constantemente “Esto no me puede estar pasando a mí”

En la segunda fase aparece la cólera, nos enfadamos con el jefe que nos ha despedido o que no hace más que exigirnos en el puesto de trabajo para entregar  las cosas a tiempo. Para que esta fase sea más ligera, necesitamos que nos expliquen el por qué de las cosas, el para qué se han tomado esas decisiones y la sinceridad. Aunque no compartamos las medidas tomadas, se nos hacen más digeribles.

La tercera fase es la negociación, en la que estamos continuamente regateando internamente con los “si…” “Si al menos me lo hubiese dicho con tiempo….” “Si al menos me dijese el motivo…”, etc.

La cuarta fase es el “Valle de la Desesperanza Transitoria”, podemos caer en una depresión porque la realidad se ha vuelto innegable, ya ni estamos enojados, ni regateamos, y transitoriamente nos sentimos vacíos, sin ganas de hacer nada, desalentados. Ponemos en duda nuestra propia competencia y nuestra autoestima es frágil. Nos sentimos entre dos tierras, ni podemos volver al estado anterior ni sabemos que nos depara el futuro. Eso sí, si aguantamos esta etapa aprenderemos lo que la experiencia del cambio significa, estaremos en una hibernación transitoria que nos fortalece y hace madurar.

Por último, la quinta fase es la de aceptación y crecimiento, por fin aceptamos el cambio, empezamos a probar fuerzas de nuevo, por ejemplo, actualizar nuestro c.v, conocer gente nueva, hacer diversas actividades. En esta fase descubrimos que hemos alcanzado un nuevo estado de cierta tranquilidad u conciliación auténtica con nosotros mismos y que en el proceso hemos madurado y crecido. Aquí estamos en un buen momento para mostrarnos proactivos

Ya vimos que todo depende de nuestra actitud, podemos mostrarnos frustrados, resignados, o ser resilientes

¿Te atreves a cambiar?  nosotr@s podemos ayudarte.

Sonia Treviño