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Cómo tomar buenas decisiones

Cómo tomar buenas decisiones

Cómo tomar buenas decisiones

¿A menudo te cuesta tomar decisiones?, ¿cuándo tienes que decidir tienes mil dudas?, en este post vamos a explicar cómo tomar buenas decisiones.

La toma de decisiones es el proceso durante el cual la persona debe escoger entre dos o más alternativas. Todos y cada uno de nosotros pasamos los días y las horas de nuestra vida teniendo que tomar decisiones. Algunas decisiones tienen una importancia relativa en el desarrollo de nuestra vida, mientras otras son fundamentales en ella. Por ejemplo a la hora de buscar trabajo, nos podemos encontrar con distintas ofertas y tener que decidirnos en un breve espacio de tiempo. 

El proceso ideal en la toma de decisiones se actuaría:

  1. Determinar la necesidad de una decisiónSiguiendo el caso de nuestro ejemplo, nos puede surgir la necesidad porque se nos acaba la prestación, o bien porque estando trabajando en una empresa nos surge una oferta nueva.
  2. Identificar los criterios de decisión. Una vez determinada la necesidad de tomar una decisión, se deben identificar los criterios que sean importantes para la misma. En el primer caso, la decisión será más fácil porque el criterio seguramente será llegar a fin de mes, en el segundo caso podremos barajar varios criterios: gusto por el nuevo trabajo, sueldo, cercanía, posibilidad de promoción, también valoraremos que entrar en un nuevo trabajo supone adaptarte a la cultura de la empresa, salir de nuestra zona de confort.
  3. Asignar peso a los criterios. Los criterios enumerados en el paso previo no tienen igual importancia. Es necesario valorar a cada uno de ellos y priorizar su importancia en la decisión. Si me estoy planteando cambiar de trabajo, tendré qué sopesar cuál de los criterios que me he planteado en el punto dos es más importante para mí.
  4. Desarrollar todas las alternativas. Desplegar las alternativas. La persona que debe tomar una decisión tiene que elaborar una lista de todas las alternativas disponibles para la solución de un determinado problema. Visualizar cómo serían cada una de las alternativas que tengo, si me quedo en mi trabajo de toda la vida, si cambio de aires…
  5. Evaluar las alternativas. La evaluación de cada alternativa se hace analizándola con respecto al criterio elegido. Una vez identificadas las alternativas, el tomador de decisiones tiene que evaluar de manera crítica cada una de ellas. Las ventajas y desventajas de cada alternativa resultan evidentes cuando son comparadas. Es decir, tendremos que hacer balanza.
  6. Seleccionar la mejor alternativa. Una vez seleccionada la mejor alternativa se llegó al final del proceso de toma de decisiones. En el proceso racional, esta selección es bastante simple. El tomador de decisiones sólo tiene que escoger la alternativa que tuvo la calificación más alta en el paso número cinco.

 

Estos pasos aparentemente sencillos se topan muchas veces con obstáculos o bloqueos psicológicos que provocan perjuicios en todas las áreas vitales y, en especial, en el proceso de toma de decisiones. Son inconscientes, generalmente actúan juntos y se nutren unos a otros lo cual, no obstante, trae la ventaja de que al superar uno o varios de ellos se puede enfrentar a los demás.

Bloqueos a la hora de tomar decisiones:

  1. Pérdida de contacto con los propios sentimientos, es decir, en qué medida desconocemos o no tomamos en serio nuestros sentimientos. Qué sentimientos y qué emociones de fondo nos despierta el tener que elegir cuando nos planteamos buscar trabajo en algo que no había probado hasta ahora, porque todo lo que he hecho anteriormente no ha funcionado, por ejemplo.
  2. Evitar los problemas y la ansiedad, para no experimentar el sufrimiento que puede conllevar cualquier “miedo al cambio”. Cuando tenemos varias alternativas, podemos pensar “más vale malo conocido que bueno por conocer”, me quedo como estoy, en mi trabajo de siempre donde conozco a mi jefe, compañeros y como ya sé sus manías sé lidiar con ellos. 
  3. Falta de autoestima, inconscientemente pensamos que ninguna opción elegida es suficientemente buena. Tener miedo a equivocarnos, a cometer errores, a pensar que incluso no tenemos esa capacidad de elección muy desarrollada. 
  4. Necesidad obsesiva por agradar a los demás, pero si pensamos en el resto elegimos cosas que no satisfacen los propios gustos y cada vez que renunciamos a tomar decisiones anulamos nuestro propio yo. Pensemos en el primer ejemplo que pusimos al principio, se me acaba la prestación, he buscado trabajo relacionado con mi formación, no encuentro nada y decido que trabajo de lo primero que salga. A nuestra familia, amigos les puede parecer mal, que no nos esforzamos, y dejamos de tomar esa decisión que nos parecía bien por no desagradarles. 
  5. Perfeccionismo, consiste en la creencia inconsciente de que hay situaciones y decisiones perfectas. La búsqueda de la excelencia no es lo mismo que la búsqueda de la perfección, ya que la primera tiene que adaptarse a criterios realistas. Si quiero empezar a trabajar en el sitio perfecto, no avanzo, porque nada me parecerá lo suficientemente bueno.
  6. Ceguera ante las diversas opciones, esto suele suceder cuando la persona está sumergida en grandes presiones. Cuando estamos en una situación que nos desborda no somos capaces de pensar con lucidez, si tengo ataques de ansiedad, no duermo bien ni puedo comer pensando en todo lo que se me avecina porque se me acaba la prestación, probablemente pierda de vista alternativas válidas para la toma de decisiones. Lo primero que tendría que hacer es relajarme y tomar perspectiva.
  7. Temor y distorsión  de la presión del tiempo, la engañosa creencia de que no hay tiempo se utiliza a menudo con consecuencias negativas, ya que puede producirse una acentuada presión y una reacción de temor. Muchas veces estamos convencidos de que tenemos que tomar una decisión inmediata, esta falta de tiempo “autoimpuesta nos genera ansiedad y podemos hacer una elección sin madurar suficientemente las alternativas y los criterios de elección. 
  8. Criterios erróneos debido a un deficiente análisis y a un pobre desarrollo de las ideas.

Una vez que hemos tomado la decisión nos puede surgir la duda y quizás nos sintamos arrepentidos sobre lo que hemos decidido pensando en lo bueno que tenían las demás alternativas; y si hemos tenido altas expectativas en nuestra elección, podemos sentirnos insatisfechos porque no se cumplen. Dan Gilbert, en su conferencia sobre la “Felicidad Sintetizada” nos habla sobre cómo se desarrolla la felicidad con la toma de decisiones. Los seres humanos tenemos algo que podría compararse con un “sistema inmunológico psicológico”, un sistema de procesos cognitivos, en su mayoría procesos inconscientes, que le ayudan al ser humano a cambiar su punto de vista sobre la situación donde se encuentran para que se puedan sentir mejor.

¿Cómo combatir el arrepentimiento que puede generar el tomar una decisión?

  1. Hay momentos en los que tendremos que simplificar y otros en los que debemos valorar más opcionesEn el caso de saber que se me acaba la prestación tendré que buscar más opciones, en el caso de estar bien en mi trabajo y tener opción de cambiar, será mejor simplificar. 
  2. Debemos buscar algo bueno para estar a gusto con nuestra decisión, sin obsesionarnos con buscar “lo mejor”. Si necesito trabajar ¡Ya! es mejor valorar algo que me guste, que se adapte a mis necesidades sin obsesionarme por conseguir el “mejor trabajo del mundo” aquel que guste a mis amigos, familiares, vecinos, etc. Es fundamental que yo esté a gusto con la elección. 
  3. Pensaremos menos en los costes que tiene la oportunidad y focalizaremos más en la opción elegida que en las alternativas. Si me surgen varios puesto alternativos, igualmente válidos y me he decantado por uno, es mejor intentar ver lo positivo que tiene esa elección y no estar pensando una y otra vez en lo bueno que habrían sido las demás alternativas, o pensar en lo que me pierdo por haber elegido ese puesto de trabajo. 
  4. Practicaremos la gratitud por la decisión que hemos tomado. Pensar que lo hemos hecho bien, y estar agradecidos con la elección que hemos hecho. 
  5. Es importante tener claro que queremos cambiar.Muchas veces nos planteamos, por ejemplo, cambiar de trabajo, pero ponemos resistencias, de las que no somos conscientes. Para tomar una decisión es importante tener claro que puede conllevar a un cambio y tenemos que estar dispuesto a ello. 
  6. Controlaremos nuestras expectativas, es mejor que nos imaginemos varias, puesto que si nuestra elección no coincide con aquello que habíamos pensado, sentiremos frustración. Ha llegado mi primer día de trabajo, me había imaginado un gran plan de acogida, un despacho con vistas al exterior, un ordenador de uso propio con todas las aplicaciones instaladas, un compañero que me acompañase en un proceso de mentoring. Pero lo que me encuentro nada tiene que ver y me siento frustrado/a. Para evitar esto, es mejor que nos imaginemos distintas situaciones, que no idealicemos la decisión que hemos tomado y que seamos realistas. 

Si quieres contratar un proceso de Coaching para tomar buenas decisiones EnPositivo podemos ayudarte.

 Sonia Treviño

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El duelo

dueloCuando a lo largo de la vida nos toca enfrentarnos a una situación difícil que no esperamos, que en muchos casos nos parece tremendamente injusta y que no alcanzamos a comprender en otros muchos como puede ser la muerte de alguien querido, una enfermedad grave, una ruptura sentimental o algo tan común a los tiempos que vivimos como la pérdida de un empleo podemos experimentar una “etapa de duelo” que es la respuesta emocional que ofrecemos ante esa situación que nos toca vivir.

La psiquiatra Elisabeth Kübler- Ross (1926-2004) en su libro “On death and dying”, en 1969 dividió en cinco etapas este proceso de duelo distinguiendo entre:

  1. Negación
  2. Ira
  3. Negociación
  4. Depresión
  5. Aceptación

Tenemos que tener en cuenta que no todo el mundo experimenta estas etapas de la misma forma al enfrentarse a una situación de este tipo, ni siquiera todo el mundo atraviesa por los mismos pasos y en el mismo orden.

Desde mi experiencia acompañando a personas  en procesos de recolocación a partir de su desvinculación de la empresa, en algunos casos además en contra de su voluntad, es muy común la manifestación de emociones de duelo por las que van atravesando estas personas. Frente al impacto inicial de la noticia y el shock que esto produce, algunas de ellas, incluso después de que haya pasado un tiempo, siguen soñando por las noches con el “ficticio”  trabajo del día siguiente o manifiestan la sensación de estar de vacaciones y que en cualquier momento tendrán que volver. Expresiones como “no me lo puedo creer”, “esto no me está pasando a mí”, “parece una pesadilla” dan muestra de la situación que viven en ese momento.

Otra reacción bastante común es la ira, el enfado, una manera de rebelarse contra la realidad que les toca vivir. Esta es una etapa complicada por un lado para la propia persona porque detrás de esas reacciones suele haber mucho sufrimiento y por otro lado para el entorno que le rodea, que se puede llegar  a convertir en blanco o “sparring” de sus ataques. Además es importante tener en cuenta que un aspecto que se puede ver afectado es la propia autoestima de esa persona cuando entran en escena el miedo, la inseguridad, el bajo concepto de uno mismo e incluso las dudas acerca de su capacidad profesional.

El aislamiento, el no querer relacionarse con otras personas,  no salir a la calle, no tener ganas de realizar ninguna actividad e incluso rasgos evidentes de pérdida de peso, incapacidad para conciliar el sueño con normalidad y la constante confluencia de pensamientos negativos, de espiral y de lamento de lo perdido conforman un estado depresivo por el que se puede llegar a pasar.

Por último, solo cuando la persona llega a aceptar su situación totalmente y  equilibra de nuevo su estado emocional, está preparada para afrontar la nueva etapa que se abre en su vida y la búsqueda de nuevas oportunidades, mirando al futuro con optimismo, con seguridad en sí misma y cerrando etapas pasadas para que no se conviertan en lastre de nuestro recorrido.

El duelo es algo natural y superar esta etapa conlleva tiempo. La escucha activa, el permitir que la persona exprese sus sentimientos y manifestar un respeto a los mismos, tener paciencia y ponernos en los zapatos del otro son aspectos determinantes, desde mi punto de vista, para ayudar a alguien a pasar por este trance.

 Ana Alonso

¿Por qué nos resistimos al cambio?

¿Por qué nos resistimos al cambio?

¿Por qué nos resistimos al cambio?

En este post vamos a explicar por qué nuestra tendencia natural es la de resistirnos a los cambios.

Según  el diccionario de la RAE, resistir es tolerar, aguantar o sufrir. En otra acepción del término lo define como combatir las pasiones o deseos.

Es posible que estés aguantando o incluso sufriendo situaciones que podrías cambiar pero no lo haces. Lo que sí vamos a hacer hoy y la próxima semana es ver que mecanismos psicológicos más o menos conscientes nos hacen sufrir una situación o combatir nuestros deseos. En definitiva, por qué aguantamos una situación que no nos resulta agradable cuando tenemos la posibilidad de cambiarla.

Factores que influyen en la resistencia al cambio

El primer mecanismo que usamos es el de oposición.

Se llama así a la creencia de que si tenemos una cosa no tendremos otra, son opuestas. La realidad es que muchas de estas situaciones son compatibles. Por ejemplo, puedo decir “no” sin que los demás se enfaden conmigo, puedo defender mis opiniones sin entrar en confrontación con los demás. Es más, puedo elegir otro tipo de vida sin perder la que tengo actualmente.

En segundo lugar podemos hablar del mecanismo de defensa.

Cuando lo usamos, lo que hacemos es protegernos de algo que identificamos como amenazador, nos protegemos de la incertidumbre. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Este refrán resume perfectamente el mecanismo de defensa. En este caso, el miedo a lo desconocido nos paraliza de tal manera que no intentamos nada fuera de nuestra “zona de confort”. Es posible que estemos sufriendo con nuestra situación actual pero el miedo nos atenaza, no actuamos.

También puede ocurrir que nos falte flexibilidad o tolerancia.

Puede que las cosas se puedan modificar o que no sean tan rígidas como pensamos, pero no lo intentamos. Nos agarramos a normas estrictas de cómo se deben hacer las cosas. Tampoco hacemos caso a las opiniones de los demás, actuamos como si nosotros estuviésemos en posesión de la verdad absoluta y de la única manera correcta de hacer las cosas.

Las omnipresentes creencias limitadoras harán que nos resulte muy difícil el cambio. Las creencias limitadoras son todas aquellas creencias o pensamientos que nos impiden progresar y que no están basadas en algo real y concreto. “Tengo que caer bien a todo el mundo”, “no valgo para nada”,  “no se me da bien” “no puedes fiarte de nadie”, son ejemplos de creencias que nos harán resistentes al cambio. En este caso nos decimos: ” para qué voy a intentarlo si no me va a salir bien”. Lo malo de estás creencias es que no las ponemos a prueba y así nunca podremos comprobar si son ciertas.

La próxima semana veremos algunas otras resistencias

¿Detectas alguno de estos mecanismos en tu forma de actuar, de pensar, de enfrentarte al mundo?

¿Alguno de estos mecanismos impide tu desarrollo personal?

Néstor Villa

Emprender o quedarse en tierra de nadie

Cuando estamos en búsqueda activa de empleo, nos topamos con muchas trabas y dificultades que hacen que no podamos ejercer la profesión para la que nos hemos formado o hacerlo y cobrar una cifra bastante inferior a la que percibíamos anteriormente en el mismo puesto de trabajo. Ante esta situación a uno le entran ganas de emprender, hacer lo que realmente le gusta, siendo jefe de sí mismo.

Pero las estadísticas nos hablan del elevado índice de mortalidad de las empresas de nueva creación, solo el 25% de las nuevas empresas sobreviven después de dos años en el mercado (Emprendedor XXI, de la Caixa)

Ante estos datos, es normal que tengamos la creencia de que un trabajo por cuenta ajena da más seguridad que nuestro propio negocio. Y es cierto que emprender no es fácil. Requiere esfuerzo y estrategia, ¿por qué, a pesar de contar con los mismos factores externos, algunos emprendedores progresan y otros no?. Es de sabios aprender de los errores de los demás. Así que un buen punto de partida será hablar con gente que ha tenido éxito.

Otra clave es focalizarnos, ser especialistas en algo y trabajar sobre el valor añadido que podemos ofrecer a los demás. Cuanto más especializados seamos, más genuina será nuestra marca.

Si nos ponemos manos a la obra para emprender en nuestro propio ámbito profesional, debemos evitar la improvisación, es fundamental una buena planificación, un correcto análisis previo del mercado, analizar a la competencia, conocer perfectamente el área de negocio y elaborar una buena estrategia inicial.

También tenemos que ser realistas y acatar las preferencias del cliente, teniendo sistemas que detecten las oportunidades de mercado. Tener presente siempre al cliente y a la competencia.

Para ser efectivos, es decir lograr resultados, con los menos recursos posibles y disfrutando con lo que hago; es importante gestionar bien el tiempo.

Debemos tener claro cuales son nuestros objetivos, es decir, saber dónde queremos ir y elegir la mejor estrategia tomando decisiones.

Es importante rodearnos de personal competente, hacer buenas políticas de personal que sean resolutivas y abiertas al cambio.

Algunas características que tienen los emprendedores con éxito son las siguientes:

  • Carácter, empuje y ganas.
  • Cree en lo que hace.
  • Profesionalidad.
  • Espíritu de servicio.
  • Instinto para aprovechar las oportunidades.
  • Sabe comunicar y escuchar.
  • Sabe priorizar.
  • Es perseverante.
  • Es creativo e innovador.
  • Tiene valores sociales y morales.

Aprende de los errores.

Se impone retos alcanzables y difíciles.

Si quieres, EnPositivo te ayuda a potenciar tus capacidades emprendedoras.

Sonia Treviño

Que no te paralice el miedo, ¡atrévete a cambiar!

Según la RAE miedo significa: Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

SONY DSCSi el miedo está producido por un riesgo real, se traduciría en prudencia, nos ayuda a actuar cautelosamente para reducir pérdidas. En cambio si responde a un miedo imaginario puede resultar paralizante, por ejemplo miedo al fracaso, miedo a un futuro incierto, a los cambios que nos acontecen.

Hay situaciones que no podemos evitar por mucho que lo intentemos, lo único que podemos hacer es:

  • Asimilar la situación que nos ha tocado vivir.
  • Pasar el duelo.
  • Transformar esas circunstancias y vivencias en una oportunidad para inventarnos de forma diferente.

Pilar Jericó a través del siguiente relato habla sobre los distintos tipos de miedo.

Un anciano Cherokee contaba a su nieto acerca de la lucha que se desarrollaba dentro de sí mismo. Ésta era entre dos lobos…

Uno es diabólico: el miedo paralizador

El otro es bueno: la seguridad y la confianza”.

El nieto, después de unos minutos de reflexión, preguntó a su abuelo: “¿Y qué lobo ganará?”

El anciano Cherokee simplemente respondió:

“El que yo alimente”.

Es importante para superar los momentos de cambio tener confianza en uno mismo. Podemos adoptar un papel reactivo o seguir adelante, tenemos que descubrir nuestra valentía, iniciativa y debemos darnos pequeños márgenes para actuar. Debemos pensar “esto es lo que me ha tocado, pero sigo adelante” ¿Cuánto dejamos de hacer por el miedo al qué dirán?.

También debemos tener cuidado y revisar nuestro lenguaje interno cuando pasamos por un mal momento. Cuando algo nos sale mal debemos pensar “me he equivocado” y no “soy un torpe”.

Los temores son huellas del pasado, pensamos que no vamos a ser capaces de conseguir pasar una entrevista o de hacer bien un trabajo porque en el pasado tuvimos una mala experiencia. Pero debemos de intentar sacar nuestra parte heroica y darnos cuenta de que siempre salimos adelante, dando lo mejor de nosotros mismos y luchando a pesar de las circunstancias que nos toque vivir.

Como dijo Nelson Mandela: “No es más valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo”.

¿Te gustaría superar tus miedos?  nosotr@s podemos ayudarte.

Sonia Treviño

¿Reconoces el talento? Ese es el primer paso

Todos contamos con valores, actitudes y competencias que nos caracterizan. Y como resultados de los tres: el talento.

Ahora bien, hay talentos latentes (aquellos que no se han identificados o no se han desarrollado) y talentos realizados: aquellos desarrollados que ayudan a las personas a creer en sí mismas y conseguir las metas que se proponen.

¿Cómo convertir el talento latente en realizado?

Ya desde pequeños estamos expuestos a situaciones en las que nuestro potencial se pone de manifiesto. A veces se ve frustrado por las falsas creencias de los padres acerca de lo que es bueno para el niño independientemente de su talento. La familia y los profesores son figuras facilitadoras del talento y ayudan a desarrollar en la persona seguridad en sí talentoenpositivomismo y en su potencial.

De mayores, el abanico de posibilidades que se abre ante nosotros se multiplicará si sabemos seguir desarrollando nuestro talento para así obtener los resultados esperados.

Los profesionales de Recursos Humanos en última estancia dentro de la empresa y la sociedad en general somos los encargados de desarrollar, potenciar ese talento y utilizarlo para el buen funcionamiento del sistema. En la situación actual en la que se encuentra nuestro país, es momento clave para ayudar a mantener y no dejar escapar jóvenes que encuentren la oportunidad laboral fuera de nuestras fronteras.

A veces el talento también se ve frenado por el miedo al fracaso; por eso es importante fomentarlo y recompensarlo; este reconocimiento creará personas seguras de sí mismas y satisfechas a nivel laboral, personal y social.

Al hablar de talento no hay que olvidar que hablamos de personas y el respeto de unas hacia otras hará que se potencie ese talento en un escenario de cooperación, desde la igualdad de oportunidades y siendo responsables todos. De esta forma hablamos de una transformación de la sociedad y no de un mero cambio coyuntural.

Cultivemos el talento. Como decía Victor Hugo: “no hay malas hierbas, ni hombres malos; tan sólo malos cultivadores”.

¿Quieres desarrollar tu talento? Nosotr@s podemos ayudarte.

Rosa Alameda 

Claves para tomar la iniciativa y ser resolutivo: Proactividad

Claves para tomar la iniciativa y ser resolutivo: Proactividad

Claves para tomar la iniciativa y ser resolutivo: Proactividad

En este post, vamos a dar unas claves para aumentar nuestra iniciativa y mostrarnos resolutivos, es decir, hablaremos de cómo ser más proactivos.

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”

-“Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta.

Le hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. A continuación le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de quitarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?”

Él le explicó que los tres elementos se habían enfrentado a la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“¿Cual eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido ¿te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú,  ¿cuál de los tres eres?

Estamos viviendo una situación complicada, muchas personas están rodeadas de problemas, no tienen trabajo, no les llaman para hacer una entrevista, la hipoteca sigue siendo la misma a pesar de que las circunstancias personales y profesionales han cambiado, etc, llega un momento en el que nos podemos ver saturados por los problemas sintiendo un gran desamparo y podemos caer en un estado de indefensión.

Aún así, y sé que no es fácil, tenemos que intentar ser lo más proactivos posibles, para recuperar las riendas de nuestra vida. Sería ideal actuar como los granos de café.

Stephen Covey en su libro de “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”, explica la proactividad como la capacidad de actuar de adentro hacia fuera. Significa tomar la iniciativa y la responsabilidad de las cosas que suceden.

Las personas proactivas piensan: “cambio primero yo para lograr los cambios en mi entorno”.

Las personas reactivas actúan de forma inversa, suelen pensar “el problema está allí afuera y tengo que vivir con esto” se conforma, y piensa que no puede hacer nada para cambiar las cosas, se resignan (ver post 9 pasos para tolerar la frustración. Resiliencia)

Gráficamente se representaría de la siguiente manera:

círculo influencia

Si somos una persona proactiva, nos centraremos en el círculo de influencia, hablaremos en primera persona “yo puedo, yo hago, yo elijo,…” buscaremos alternativas y haremos planes de actuación para solucionar esos problemas. Tendremos un pensamiento más positivo.

Si después de hacer todo lo que está en nuestra mano, no hay solución, no tiene mucho sentido que ese hecho sea una preocupación, es infructuoso. Como dice un proverbio oriental: “Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas? Y si no lo tiene ¿Por qué te quejas?”

Por ejemplo en mi círculo de preocupación están los siguientes problemas:

  • La crisis.
  • No me llaman de entrevista.
  • En muchas de las ofertas piden inglés.
  • En la mayoría de los puestos de trabajo exigen conocimientos de informática.
  • No tengo la experiencia deseable para el puesto de trabajo.
  • Nunca me van a seleccionar porque quieren gente joven.
  • El paro aumenta y hay más competencia.

Desde el círculo de influencia puedo analizar la información, pensar qué puedo cambiar y tomar esa iniciativa.

  • La crisis no la puedo cambiar, no depende de lo que yo haga a corto plazo, dejo de pensar en ello.
  • ¿Por qué no me llaman de la entrevista? ¿Estoy buscando en los sitios adecuados? Si utilizo siempre las mismas herramientas y aún así no lo consigo, tengo que revisarlas y modificar lo que estime conveniente.
  • El inglés es importante para ocupar un puesto de trabajo, voy a buscar cursos gratuitos para desempleados y mientras sigo buscando empleo, me formo en idiomas.
  • Me piden informática, de momento me voy a centrar en el inglés y más adelante ya veremos.
  • Para ampliar mi experiencia puedo colaborar como voluntario/a, así aprendo y amplío mi red de contactos.

Y así sucesivamente, de esta manera actúo cambiando lo que quiero de mí. Esto hace que me sienta mejor, que obtenga resultados y que la percepción de la misma realidad cambie y sea más positiva. ¡Es mejor ser café!

Si quieres, nosotr@s podemos ayudarte.

Sonia Treviño