¿Por qué nos resistimos al cambio? 2ª Parte

La semana pasada vimos algunos de las resistencias que podemos tener para evitar cambiar situaciones que nos hacen sufrir, que son incómodas pero a las cuales parece que nos acostumbramos.

Entre las resistencias que nos ocupan esta semana, está el miedo a equivocarse. Se cuenta que le dijeron a Thomas Edison durante una entrevista que había fracasado 999 veces antes de dar con el funcionamiento de la bombilla eléctrica. La respuesta de Edison fue: “No fracasé, descubrí 999 formas de como no hacer una bombilla”. Realmente el gran fracaso es no intentarlo por miedo a equivocarse. En el peor de los casos sabré, al igual que Edison, como no volver a hacerlo. Tampoco nos convertimos en “tontos” por habernos equivocado. Podemos parecerlo cuando nos equivocamos pero si no lo intentamos, permaneceremos en la ignorancia para siempre.

Por comodidad, por miedo a abandonar nuestra zona de confort, la zona donde nos sentimos seguros, las situaciones que controlamos. La pereza nos puede llevar a sufrir situaciones que podríamos evitar con algo de energía. Este relato  tomado de Alberto Blázquez lo define claramente:

resistircambio“Un Hombre va de visita a casa de un amigo y cuando entra al comedor se encuentra con el perro de su amigo. El perro es grande, fuerte, pero está quejándose y llorando.

El visitante pregunta a su amigo, “¿Oye, que le pasa a tu perro?. Parece enfermo”.

No te preocupes, le dice el amigo. Este perro es muy perezoso.

Los dos amigos se sientan a relatar sus viejas historias, mientras que el animal continua quejándose ante lo cual el visitante inquiere de nuevo a su amigo y le dice: “Me sabe mal por tu perro, ¿por qué no lo llevas al veterinario?”. El hombre le contesta nuevamente: “No te preocupes, es que este perro es perezoso”.

El visitante inquieto por la misma respuesta, le pregunta: “Oye ¿por qué dices todo el rato que este perro es perezoso?. Yo lo que veo es que está enfermo y que está sufriendo”. Entonces el amigo le dice:

“Mira lo que le pasa es que lleva sentado encima de un clavo toda la mañana, sé que le duele y por eso se queja y se queja, pero no ha querido mover el culo de su sitio, porque con todo y a pesar del clavo, se siente cómodo y ya se ha acostumbrado a su sufrimiento”.

Por último, una autoestima baja puede hacer que no intentemos nada por evitar la situación que nos molesta. Si pensamos que no valemos gran cosa, si dudamos de nuestras capacidades o, incluso, si creemos que no nos merecemos estar mejor, difícilmente vamos a intentar mejorar. En otra entrada del blog, Sonia te da consejos para mejorar.

¡¡No te conformes, no te des excusas a ti mismo!!. ¡¡Avanza, progresa!!, tienes mucho que ganar.

Néstor Villa

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