Ámate a ti mism@

Me gustaría revisar hoy las ideas que plasma Erich Fromm sobre este tema en libro “El arte de amar”:

Existen restos de una creencia que dice que amar a los demás es una virtud pero que amarse a sí mismo es un pecado. Esta creencia supone que en la medida en que me amo a mí mismo, no amo a los demás y que el amor a sí mismo es igual al egoismo.

Calvino califica de “peste” el amor a sí mismo. Freud habla de él en términos psiquiátricos y lo identifica con el narcisismo, es decir, con la incapacidad de amar a los demás. Según él, amor a sí mismo y amor a los demás se excluyen mutuamente de manera que cuando mayor es uno, menor es otro.

Pues bien, si partimos de que no sólo los demás, sino nosotros mismos somos también objeto de nuestros sentimientos y deseos, las actitudes amateenpositivopara con los demás y para con nosotros mismos deben ser conjuntivas y no excluyentes. Es decir, el amor a los demás y a nosotros mismos no son alternativos. Es más, todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor a sí mismo. El amor no se puede dividir entre los demás y yo mismo. Amar a una persona implica amar al hombre como tal y, entre los hombres nos incluímos nosotros mismos.

Por otro lado la persona egoísta sólo se interesa por sí misma, desea todo para ella, no siente placer en dar, sino en tomar. Carece de interés por las necesidades ajenas, no se ve más que a sí misma. Según lo que hemos visto, el egoismo y el amor a sí mismo son realmente opuestos. El egoista no se quiere nada, incluso se odia. Parece preocupado por él pero en realidad sólo realiza un intento de disimular y compensar su incapacidad para cuidar de sí mismo. Lo cierto es que las personas egoistas son incapaces de amar a los demás pero tampoco son capaces de amarse a sí mismos.

Pero también tenemos el extremo opuesto, el de las personas que únicamente se preocupan por los demás. La excesiva preocupación por los demás no obedece a un amor excesivo, sino a la incapacidad de amar. La persona “generosa” no quiere nada para ella, “sólo vive para los demás”, está orgullosa de no considerarse importante pero descubre que pese a su generosidad, no es feliz y que las relaciones con sus más allegados no son satisfactorias. Esta generosidad puede ser un síntoma de que la capacidad de amar o de disfrutar de esa persona está paralizada y que detrás de ella se encuentra un egocentrismo sutil pero intenso.

Meister Eckhart ha sintetizado estas ideas: “Si te amas a ti mismo, amas a los demás como a ti mismo. Mientras ames a otra persona menos que a ti mismo, no lograrás realmente amarte. Pero si amas a todos por igual, incluyéndote a ti, los amarás como una sola persona y esa persona es a la vez Dios y el hombre. Así pues, es una persona grande y virtuosa la que amándose a sí misma, ama igualmente a los demás”.

¿Te quieres a ti mism@?. EnPositivo puede ayudarte.

Néstor Villa

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